Archivo de Enero 2007

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Me llamó

17 Enero, 2007

Entré en una librería y me llamó. Era este libro: “En los labios del agua“, de Alberto Ruy Sánchez.

Agua y deseo… amor, sexo y agua…

agua

Lo abrí. Lo primero unos versos de Huidobro. Bien, sonreí. Después esta cita de Coleridge con la que cerré mi viejo blog:

Si un hombre atravesara el Paraíso en un sueño, y le dieran una flor como prueba de que había estado allí, y si al despertar encontrara esa flor en su mano…¿entonces, qué?

Para seguir con este principio sufí:

Si en tu sueño el agua te cubre, danza con ella. Si en sus labios despiertas, has traído del sueño la humedad del amor. Hazle un lugar en tu vida y nunca más tendrás sed.”

Hojeo más y en la primera vista leo:

Tu sonrisa es mi viento favorable

Cómo no llevármelo.

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Simple-mente

14 Enero, 2007

Hay quien se complica la vida, hay quien está sobre la tierra…

Simple-mente

simple

* * * * * * *

Los pies en la tierra, la mente en las estrellas

Proverbio de los indios navajos que se representa así, con dos flechas dinámicas hacia abajo y una hacia arriba.

estrellas_tierra_navajos

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Los amorosos

13 Enero, 2007

A veces…

Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.
Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.

Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.
Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.
Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre -¡qué bueno!- han de estar solos.

Los amorosos son la hidra del cuento.
Tienen serpientes en lugar de brazos.

Las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.

Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.

En la obscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.

Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.

Los amorosos son locos, sólo locos,
sin Dios y sin diablo.

Los amorosos salen de sus cuevas
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.
Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor como en una lámpara de inagotable aceite.

Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.

Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.

Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el sexo,
complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.

Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida.
Y se van llorando, llorando
la hermosa vida.

Jaime Sabines, de “Horal”

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Razones para matarte

12 Enero, 2007

A ver, una detrás de otra, las tengo apuntadas mentalmente, para cuando llegue allí disponerme a hacerlo de una vez por todas:

- Un regalo inesperado en un paquete abierto casualmente en nochebuena y además otro y otro con espirales.

- Una colección de poemas tuyos que me hicieron temblar.

- Una llamada también inesperada en el momento apropiado y dejarme serena.

- No contestar un sms inocuo por estar buscando un libro agotado y dejarme boquiabierta.

- Una imagen capturada de tu mac mientras trabajas y parecerme que estás aquí mismo y me empiezo a marear.

- Los dibujos de Camila, la cebra, que me hacen idear una misión imposible y liarme en el empeño.

Y alguna más que probablemente se me olvida.

Suma y sigue… Te vas a enterar de mi forma de asfixiar.

abrazo

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Anclas

11 Enero, 2007

ancla

 

Sarah me anclaba necesariamente al mundo

como nunca nadie lo había hecho antes.

Y el mar al fondo…

 

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Un día cualquiera

11 Enero, 2007

mentira

Todo es mentira.

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Teoría de la cebolla

10 Enero, 2007

Yo tengo la teoría de que el mundo es una cebolla. La realidad es una. Lo demás son capas de conciencia que le endosamos con nuestra percepción. Seguramente esto no es nada nuevo ni original.

La realidad es una simpleza. Nuestra percepción, nuestro estado de conciencia, crean la multiplicidad o los matices. Son todo disfraces más o menos translúcidos, personales e intransferibles.

Hay días en que tengo la sensación de disfrutar, o sufrir, de una extraña y acusada percepción de capas que otros, quizá, no perciben. Y seguramente otros días mi conciencia es bastante mediocre.

Por ejemplo, ayer observé mil y un rostros en el metro. Y todos me parecieron extraña y singularmente hermosos. La belleza estaba en mis ojos. Tenía conciencia de una capa más profunda que de habitual… Una sensibilidad precisa y extraña…

metro

No sé por qué, he recordado una frase de Neruda que decía que la poesía existía ya antes de la escritura y la imprenta. La poesía se expresó en lo que ya contaba la humanidad cuando inventó algún lenguaje con su voz. Tal vez lo he recordado porque eso es lo primigenio, lo primero, el centro…

Yo creo que la realidad, el centro mismo de la cebolla, es de una simpleza tal que la poesía es el único lenguaje que conoce.

A veces lo veo, fugazmente.

Yo escribí varios libros de poemas. Pero de un tiempo a esta parte casi nunca escribo lo que percibo en esos estados de conciencia. No busco palabras, sólo los contemplo.

Así es más poético y simple, más real. Una simple cebolla, de capas casi siempre translúcidas, que se abre ante tus ojos… tal vez es el único instante en el que la mirada va desde ahí a tus ojos y no al revés.

Pero nunca se llega al centro, porque el centro no tiene nuestra fragmentada y distorsionada sensibilidad.
Todo es dejarse llevar, dejarse mirar. Y ves el mundo. El mundo que te mira.

 

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Rutinas

8 Enero, 2007

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La soledad vuelve a ser mi rutina. La tenía tan olvidada. Aunque ella estuviera por aquí, por casa, lejos, muy lejos. No, no estaba sola.

Pasa muchas temporadas fuera. Se va cerca del mar para olvidarme, lo sé. Aunque siempre vuelve… Vuelve hasta que ya no vuelva más y se quede allí.

La quise de una manera tan tullida, tan inválida… que al final todo fue un muñón en nuestros corazones…

Lo siento. Nada hubiera sido más grande que amarte.

Y te quiero, te quiero por haber hecho de mi vida un lugar habitable unos cuantos años… Yo que venía de la vereda espiral que cae vertiginosa hacia dentro, hacia dentro, hacia dentro. Y por haber estado ahí en el momento preciso y por dejar todo atrás, por estar aquí.

Me quedé al pairo, sin vela, de cara a las olas, para que pase esta tormenta y no me hunda…

Estaba pensando que es la primera vez que te escribo algo con el corazón…

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Fin del día

7 Enero, 2007

Una se queda perpleja con la maldad gratuita de la gente. Una puede ser muy imbécil, o muy sensible o muy estúpida, pero no deja de tener cierta consideración por la gente que se lo merece.

Yo debe ser que para algunas personas no lo merezco tanto, por malentendidos o por cosas que no acabo de comprender y que son bien simples.

Bueno, en cualquier caso… Hace un rato me han hecho una llamada, por sorpresa, porque sí, porque esa persona quería darme algo.

Yo estaba enfrascada en mis cosas.
Y se lo he agradecido, aunque lo mismo no tenía por qué.

Pero qué más da, para una niña el detalle más nimio tiene importancia… y yo desde luego no le daría una patada en los dientes a esa niña.

Quien no sea un niño de vez en cuando que no se pase por aquí, porque no va a entender nada…

sonrisa

El día ha acabado bien después de todo. Volvío a sonar el teléfono. Siempre hay gente que no le importa hacer felices a los demás, así, sin más, porque sí, sin motivo…

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Descabezada

7 Enero, 2007

descabezada

Una tarde va alguien y te deja sin dientes. Y entonces recuerdas todos y cada uno de los instantes en tu vida en que alguien te dejó sin dientes.

Cuando tenías 7 años, 10, 16, 20, 21, 22…

Y no sabes por qué un día lo mismo lo que te apetece es tirarte por el balcón. Total, seguro que los dientes ya no los pierdes, porque ya no los tienes.

Porque resulta que no los encuentras. Y no puedo llamar a nadie para que me ayude a buscarlos. Y yo sola no puedo.

Hoy me asomé al balcón. Y estoy en mitad de una cuenta atrás. Dentro de once días puede que vuelva a perder otra vez todos mis dientes… pero… qué digo, esta vez tendrá que ser el pelo lo que pierda.

No entiendo a la gente.

Sólo es que hoy se ha estropeado el día…