A veces la echo mucho de menos. Desesperadamente.
No sé qué echo de menos exactamente, porque no la he tocado nunca. Pero es así. Es como un grito hacia dentro.
No se lo digo, porque no quiero estropear nada. Porque quiero que este milagro dure un rato más. Un rato largo más… Así sigo subiendo la escalera poco a poco, y a veces descanso, y a veces subo los escalones de dos en dos, y a veces pierdo el equilibrio y a veces atisbo a ver que allá arriba estás tú, sentada en el último escalón… Y sonrío para mis adentros, imaginando estas tonterías que no sé si valen la pena…
Pero algo me hace seguir subiendo, a pesar de que la escalera parezca interminable y me den ganas de parar, sentarme y ….
Si lees esto no me lo tengas en cuenta demasiado. Nunca podemos saber qué siente, qué vive el otro… por eso siempre quiero decir las cosas, para que lo sepas…, y se me escapan…