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Fin del día

7 enero, 2007

Una se queda perpleja con la maldad gratuita de la gente. Una puede ser muy imbécil, o muy sensible o muy estúpida, pero no deja de tener cierta consideración por la gente que se lo merece.

Yo debe ser que para algunas personas no lo merezco tanto, por malentendidos o por cosas que no acabo de comprender y que son bien simples.

Bueno, en cualquier caso… Hace un rato me han hecho una llamada, por sorpresa, porque sí, porque esa persona quería darme algo.

Yo estaba enfrascada en mis cosas.
Y se lo he agradecido, aunque lo mismo no tenía por qué.

Pero qué más da, para una niña el detalle más nimio tiene importancia… y yo desde luego no le daría una patada en los dientes a esa niña.

Quien no sea un niño de vez en cuando que no se pase por aquí, porque no va a entender nada…

sonrisa

El día ha acabado bien después de todo. Volvío a sonar el teléfono. Siempre hay gente que no le importa hacer felices a los demás, así, sin más, porque sí, sin motivo…

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2 comentarios

  1. Hacer felices a los demás así porque sí es difícil, exige renunciar a una parte de uno mismo, solemos dar si recibimos algo a cambio.

    La generosidad gratuita es virtud de santos.

    Es por ello que cuando alguien nos da sin recibir nada a cambio nos sorprende.

    C.A. Makkkafu.


  2. Lo que me sorprende a mí es el retorcimiento, la interpretación, que ven algunos en simples actos.



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