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La hamaca

18 agosto, 2008

Viene y va… Viene y va… Viene y va…

Le gustaba balancearse en la hamaca porque era como sentirse en el principio de algo, con su propio ritmo. Como las olas fueron el primer latido de la tierra o el corazón es el primer oleaje de un cuerpo. La primera cadencia pero esta vez en silencio…

Era como volver a los primeros juegos infantiles, en un vaivén: el columpio, el tobogán, el balancín… En su ritmo infinito y a la vez fugaz, inagotable y a la vez efímero, repetido y a la vez único en cada ir y venir.

Era como parar el tiempo… El principio de algo que parece no acabar, que no quieres que acabe.

Y se deja mecer por la cuna de este pendular destino…

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